Sólo diez minutos

Queria proponerme este ejercicio academico de escribir ininterrumpidamente durante 10 minutos, siendo las 10:03 de la noche de un lunes cualquiera de septiembre, empezé a batallar con las notificaciones de mi celular, que probablemente sería uno de esos mensajes grupales que no me incumben, pero que siempre en mi curiosidad inmensa, no dudo ni un minuto en abrir, también podría ser un mensaje directo para mí, pero ahora valgan verdades, siento que terminar este mini-reto de escribir por 10 minutos vale mucho más la pena.

Estoy realmente lidiando con mi mente en este preciso instante, porque por un lado estaba a punto de escribir lo que hice el día de hoy, como si estuviera en una especie de diario personal, pero luego caí en cuenta que debería escribir algo más general, más universal, algo que perdurará más allá de mis-muchas veces-aburridos días. Aunque también con esa ominosa misión siento que no podré hacerlo y mejor escribo cosas etéreas, cosas livianas y superfluas, como por ejemplo, hoy un perro me sonrió, lo digo en serio, en la puerta del salón donde iba a llevar uno de mis cursos de veterinaria, llame cariñosamente a un perro que estaba por allí cerca y éste se me acerco moviendo la cola y sonriendo, lo cual retribuí acariciandole la cabeza y sientiendome demasiado feliz por dentro, porque todos los veterinarios amamos cuando un perro nos sonríe.



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